Maltrato
De JarfilWiki
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De una princesa
Érase una vez, una niña sonriente. Vivía en una familia feliz, que iba todos los domingos a misa, y su padre a veces, cansado después del trabajo, le gritaba un poco a su madre.
"Porque la comida estaba fría", decía su madre, apresurándose a calentarla.
"Porque había cambiado de cadena, y hoy hay partido", le explicaba otro día.
"Porque... ay niña, no sé, cosas de mayores".
La niña creció en esta familia feliz, rodeada de sus hermanos y hermanas. Con el tiempo aprendió a ignorar las peleas, y a centrarse en su propia vida. Encontrar a su príncipe azul... encontrar a un novio que le guste... vivir y comer perdices por siempre jamás.
El príncipe azul
Un día, la niña se enamoró.
No era como ella esperaba, pues el amor nunca lo es. Su príncipe azul tenía los ojos castaños, el pelo pegajoso, y apestaba a vino barato. ¡Pero era suyo! Su príncipe, su salvador, su querido, su amor.
La niña, más mujer que niña a estas alturas, se fue de casa a vivir con su príncipe. Al príncipe no le molestó, porque al fin y al cabo, ¿a qué macho le molesta follar gratis varias veces por semana? Además... así había quien le hiciese la comida para cuando volviese del trabajo, en vez de tener que recalentar la lata de alubias del día anterior antes de salir con los amigotes. Y la niña le miraba con ojos tan tiernos... por fin había encontrado a una tía inteligente que le reconocía como el macho dominante que él era.
A la niña no le molestó, pues como todos saben la gente cambia con el tiempo. Esos pequeños defectillos, como salir con los amigotes a emborracharse, o ponerse de farlopa hasta las orejas, se le pasarían con el tiempo. Una palabra aquí, otra allí, y al final fijo que se le pasaba.
Juntos y felices
Y así empezaron a vivir juntos.
El príncipe salía a trabajar por la mañana, mientras su piba se quedaba a limpiar la casa. Para cuando volvía por la tarde, cansado y harto de todo, tenía una fragante comida esperándole, la casa reluciente, y todo perfecto para relajarse un rato delante de la tele. Después, nada como un polvo rápido, y a salir de juerga con los amigotes. Todo funcionaba, y todos eran felices.
Pero al mes de limpiar y cocinar, la niña empezó a hartarse. Entendía que su príncipe no podía hacer esas cosas, que primero trabajaba y luego se merecía un descanso, pero la casa... ¿realmente tenía que estar reluciente? Si con pasar un trapo debería bastar...
Y así lo hizo. Pasó unos trapos, preparó la comida, y se fue a descansar un rato. Con el tiempo libre que tenía, incluso pensó en buscar trabajo, porque no parecía que con el sueldo de su príncipe fuese a bastar para comprarse un piso. ¿Y qué es una pareja sin un piso? Nada. Menos que nada.
Cuando el príncipe volvió, no notó diferencia. Salvo que había una mancha en la mesa, y la comida estaba algo fría. Se lo hizo notar a la niña, que se apresuró a limpiar la mesa y recalentarle la comida en el microondas.
Pero el hechizo ya se había roto; empezaban los problemas.
Demasiado estrés
La niña encontró un trabajo, y le empezó a hablar a su príncipe de casarse. La casa estaba cada vez más sucia, la comida pasó de fría a estar mal hecha. Demasiada sal, poca sal, demasiada pimienta, poca pimienta. Empezaban los problemas graves.
Al príncipe no le quedó otra cosa que salir con los amigotes para descansar de los problemas que tenía en casa. El doble de amigotes, alcohol y drogas era la solución para todo.
La niña lo entendía, y se quedaba preocupada por las noches mientras él no volvía.
"¿Le habrá pasado algo?" se preguntaba.
"¿Ya no me quiere?" le preguntaba a su amiga.
"Tranquila, mujer, estas cosas pasan y se solucionan solas" la reconfortaba su amiga.
Pero las cosas no se solucionaban.
Medidas contundentes
El príncipe pasó de gritar a pegarle bofetadas. Con razón, porque otra vez la comida estaba fría, y encima ella había pasado delante de la tele, no dejándole ver el partido.
Ella lo entendía, tanto estrés en el trabajo... e intentaba hacer las cosas lo mejor posible. Evitar en lo posible las confrontaciones, esa era la clave. No era culpa de su príncipe estar tan estresado.
Su amiga, la que antes le recomendaba esperar, le recomendó dejarle. ¡Eso no es una amiga! Claro, la muy zorra se lo querría llevar para ella... ¡y mira que parecía una amiga!
Sus padres, al verla un día toda con moratones y llorando, porque otra vez la comida estaba demasiado fría, llamaron a la policía. ¡Malditos traidores, que ahora quieren meter a la cárcel a su príncipe!
Obviamente, la niña se negó a poner una denuncia
Nadie me entiende
Los días pasaban, y todos se ponían en su contra. Cortó con sus amigas, con sus padres, con sus conocidos... con todos los que intentaban acusar injustamente a su príncipe.
Un día, el príncipe, justamente cabreado porque la casa estaba sucia, la comida sabía a mierda, no podía ver la tele, por lo que para relajarse había tenido que beberse dos de las cervezas importadas que guardaba para navidades y meterse la farlopa que guardaba para el fin de semana... le arreó una hostia a la niña que la dejó inconsciente.
Hoy, tras 5 días en coma, debatiéndose entre la vida y la muerte, la niña ha declarado en una rueda de prensa. Ha dicho que no quiere denunciar a su príncipe, que lo que le ha pasado no es culpa suya, y que sólo espera que le dejen salir cuanto antes de la cárcel...
El príncipe, tras pasarse 5 días en la cárcel, ha aprendido que todo es culpa de la zorra de su chica. Si la muy cabrona no se hubiese desmayado, no le habrían metido en la cárcel...
Conclusión
¿FIN?
